jueves, 20 de diciembre de 2012

Princesas y retrasos

No suelo acostumbrar a hacer estos "parones" tan intensos en mis entradas de Blogger, pero la espera os aseguro que merece la pena. Este reportaje no es para menos. La historia que relata es la evolución política, social y médica del Hospital de La Princesa (Madrid), un relato digno de ser escuchado.
 
Un besazo desde aquí a todo el equipo técnico que lo ha realizado, porque sin ellas no podría haberlo hecho yo sola: Montserrat Díaz, Teresa Cardeñosa, Villar Recuenco, Gemma Plaza y Alba González.
 
Que lo disfrutéis.
 
 
Cristina García Ruiz
 
 
 
 
 
 

domingo, 9 de septiembre de 2012

Universitario madrileño gana Festival de Cortomatrajes en Bolivia

El joven director amateur David Corroto desvanca a más de 180 obras con su cortometraje "Jaulas"


Cartel de "Jaulas", de David Corroto
La boliviana ciudad de Sucre  era la encargada de recibir el Festival de Cine de los Derechos Humanos este año en su octava edición. Nadie parecía sospechar durante la gala que el Premio al Mejor Cortometraje iba a venir desde Europa, de la mano de la asociación cultural Annus Negra y de un director llamado David Corroto. La temática de los cortometrajes giraba en torno a la mujer y a la Naturaleza, elementos plasmados en la obra de Corroto a través de una mujer con "la libertad de elegir sobre su propio destino", según palabras del jurado del certamen.
 
"Jaulas" sorprendió tanto porque no deja indiferente a nadie. Corroto relata con suma elegancia el problema social de la violencia de género de una forma original e innovadora, anudándolo discretamente con la denuncia del paulatino abandono de nuestros mayores por parte de sus propias familias. Condensada en catorce minutos, el espectador disfruta de una historia verosímil y cercana, realizada "con muchas horas de trabajo, con poco dinero, con mucho cariño y respeto por los temas tratados", tal y como explica su creador en su propia bitácora personal.
 
La obra es fruto de un trabajo hecho a medias entre Madrid, Guadalajara y Asturias y, aunque este es el primer premio internacional que recibe, ya obtuvo reconocimiento en el Festival de Moratalaz (Madrid). En estos momentos, "Jaulas" está dándose a conocer en países Argentina, Chile, México, Estados Unidos, Italia y, por supuesto, en España.
 
David Corroto advierte de que ya prepara un nuevo cortometraje titulado "Una mirada entre mil". La obra está prevista para este otoño y es apoyada de nuevo por "Annus Negra" y por la Universidad Rey Juan Carlos, en la que el joven estudia.
 
 
 
 
 
Cristina García Ruiz
 

 

martes, 3 de julio de 2012

Secretos a voces - Opinión

Cuando un periodista consigue cierto renombre en su profesión, cierto prestigio y madurez en su labor ya es respetado y puede hacerse oír. Y decir cosas como estas palabras que arengó El Gran Wyoming el pasado 22 de junio en la madrileña localidad de Alcalá de Henares a los manifestantes reunidos a favor de una Sanidad y una Educación públicas y de calidad.



Usted, señor mío, ya lo ha dicho, ya se ha quejado de todo lo que sabíamos, de lo que ya era y es un secreto a voces: la corrupción política, el desmoronamiento del estado del bienestar, la vergüenza mediática de la desinformación, la pifia de la Banca española, las mentiras a la ciudadanía... Todo lo que ya sabemos todos y nadie dice. Admiro su valentía.

Pero no me engañe, no nos engañe. Le ha costado hablar... podría haber dicho esto mucho antes y no soltó prenda. Y es que usted también está hasta el cuello, está dentro de toda esta espiral de locura social y política. Usted trabaja en un medio de comunicación, seguramente tendrá sus ahorros en una sucursal bancaria y pagará unos impuestos desproporcionados que le darán ganas de vomitar. También está dentro de esto. No puede salir; es realmente complicado (¿imposible?) hacerlo. 

La diferencia es que usted puede hablar, porque a usted es más difícil callarle la boca: la gente lo conoce y lo respeta, ya posee una madurez profesional adecuada y labia y agallas no le faltan. Quizá muchos lo consideren (yo misma lo hago) como un periodista híbrido, de los que tanto abundan, algo más cómico, más actorzuelo que  profesional comunicativo en sí. Pero ese no es el punto: yo no vengo a juzgarlo, sino a animarle a que siga hablando, a que, como dice este blog, no se calle. A mí aún me costará todavía mucho más que me escuchen. A usted le seguirán haciendo caso, en sus seriedades y también en sus chanzas. Por lo tanto, adelante: no se calle.



Cristina García Ruiz



domingo, 20 de mayo de 2012

Crónica de un "Tarifazo"

La Puerta del Sol, durante la tarde de ayer sábado.
Parecían un puñado de perdidos invitados de alguna boda snob en mitad de la capital española. Facebook y Twitter los habían reunido para aquel bello enlace entre la indignación y el sarcasmo, entre la ira y la creatividad, entre el hastío y la fiesta (y, como dicen, lo que unen las redes sociales, que no lo separe nadie).

Así pues la Puerta del Sol madrileña tenía ayer sábado sobre las seis de la tarde una pequeña aunque vistosa cicatriz muy estilosa en el acceso acristalado a las instalaciones de Metro y Cercanías. Los curiosos y turistas miraban a tan estrafalario grupo con miedo y sorpresa, mientras un par de cámaras de televisión y muchos flashes de fotógrafos aficionados adornaban la escena. Esta era, desde luego, de lo más variopinta: caballeros con bombines y trajes a conjunto sujetaban copas de plástico rellenas de zumo o agua con gas, mientras las damas, con elegantes abanicos y tocados, hacían lo propio para evitar no derretirse ante un sol juguetón de tan pronto las acaloraba como las hacía parapetarse del viento tras sus pliegues de seda barata.

Tratando de liderar a esta corte improvisada nacían de la nada pequeños soldados uniformados, transformados con atuendos circenses y bucaneros cercanos a la sorna, que hacían sus ejercicios militares rocambolescos entre risas de cóctel y plumas empapadas en purpurina, quien sabe si formando un pelotón de guardaespaldas protectores para sus señores y señoras.
Guardia protectora de los sibaritas.

Había desconcierto y poca organización. Una de las baronesas segundas, envuelta en sus mejores galas de mujer fatal, alzaba su voz entre el griterío para indicar a sus congéneres que los carruajes estaban listos. Pero no iban en caballos. Iba a ir bajo ellos, a lomos del mismísimo Metro de Madrid.

La verdadera protesta entonces comenzaba. “El Tarifazo es un Lujazo” era su lema. Los recortes económicos del gobierno habían encendido la creatividad y la guasa de los ciudadanos que, por un día, habían decidido convertirse en auténticos sibaritas del transporte público utilizando un medio considerado hoy ya según ellos como la crème-de-la-créme en el acortamiento de distancias.




El Metro ya no es cosa de pobres
Los caballeros y damas, junto con su séquito personal uniformado cual película de la II Guerra Mundial,  se sumergían pues en las entrañas del subsuelo para adentrarse en el Metro de Madrid. El pago de la entrada era algo que consideraban intranscendente, por lo visto, y mientras sus guardaespaldas-bufones distraían a reporteros y seguridad del transporte-mazmorra madrileño con un teatrillo de muerte bélica que hacía llevar a los espectadores al estupor, algunos ricachones pasaban las barreras entre la confusión y las sonrisas engalanadas para reunirse con más de sus secuaces de perlas plastificadas.

Pronto la multitud crecía. Los vestidos de oro falso y diamantes de chiribitas se reproducían por esporas, mientras los coros de la performance comenzaban a hacerse notar entre chiquillos, abucheos y mil otros sonidos inteligibles. Algunos simpatizantes menos elegantes se unían a la causa. La tensión y preocupación entre los guardianes de la serpiente subterránea era más que notable según aumentaba la masa opulenta en risa e ironía. Esta iba a hacer uso del servicio: la línea 1 de metro, dirección Pinar de Chamartín, ya estaba preparada.



Arriba, los protestantes se entrevistan entre sí.
Abajo, las dos "Duquesas" beben mientras son filmadas por un cámara.

Doce meses de recortes
El interior de los vagones no era tan espacioso como aquellos millonarios creían, pero a pesar de las estrecheces del espacio y del calor humano reinante en su transporte predilecto, la fiesta no podía parar. Durante la media hora de trayecto hasta el Pinar de Chamartín, los cánticos y las charlas no cesaron. Se produjeron algunos brindis incluso y muchas alabanzas hacia las duquesas barrocas, tan queridas por estos, que saludaban grácilmente, coquetas. Las pancartas de papiros eran izadas y golpeadas contra el cristal de los vagones, incitando en cada estación a aquellos despistados sobre su causa gritando alegres aunque con un cierto retintín.
Como si fuera Fin de Año, se bendijeron y aplaudieron cada uno de los siguientes meses de recortes que los ciudadanos íbamos a disfrutar. Algunas pegatinas fosforitas, colocadas en las pecheras de los millonarios madrileños, empezaron a desmadrar el evento con la consigna: “Proponemos otro tipo de recortes”, que acompañaba el dibujo de una guillotina. Pero no rodaron cabezas. La masa opulenta  en risa e ironía llegó al Pinar de Chamartín, aún más numerosa si cabe y todavía acompañada de su séquito, pero sin derramamiento de sangre... aunque quizá no de limonada (este transporte tan preciado, ya se sabe, no elimina ciertos sobresaltos durante el trayecto).  Ocupando la mitad del andén central, ricos y soldados reían, cantaban, bebían y gritaban sus consignas sin parar de saltar, drogados por la euforia y la adrenalina. Los escasos pasajeros, que aún desconocían su meta, los miraban con escepticismo mientras los guardias rodeaban a la masa hilarante con preocupación y disciplina.

Finalmente, el comité de nuevo subió a los vagones, esta vez de regreso hacia la Puerta de Sol. Algunos de los guardianes de la serpiente subterránea quedaron en la estación mientras susurraban a sus celulares de contacto órdenes apenas entendibles. Tenían miedo a un boicot en las líneas y a que la protesta se desmadrara en exceso. La masa falsamente ricachona se dividía y era más difícil no perderla de vista: los protestantes pretendían viajar en prácticamente todos los trenes que tuvieran la ruta Pinar de Chamartín-Puerta del Sol para así comunicar más eficazmente su malestar a los viajeros.

No obstante, por último, todos los festejantes terminaron concluyendo en el lugar de inicio, la Puerta del Sol, y, entre sorbitos de champán sin alcohol y algún que otro pisotón, continuaron coreando sus canciones hasta que se les terminó la voz mientras todavía parte de su público se hallaba desconcertado ante el espectáculo.
Dos jóvenes posan con una de las pancartas de la protesta.
Cristina García Ruiz