Cuando un periodista consigue cierto renombre en su profesión, cierto prestigio y madurez en su labor ya es respetado y puede hacerse oír. Y decir cosas como estas palabras que arengó El Gran Wyoming el pasado 22 de junio en la madrileña localidad de Alcalá de Henares a los manifestantes reunidos a favor de una Sanidad y una Educación públicas y de calidad.
Usted, señor mío, ya lo ha dicho, ya se ha quejado de todo lo que sabíamos, de lo que ya era y es un secreto a voces: la corrupción política, el desmoronamiento del estado del bienestar, la vergüenza mediática de la desinformación, la pifia de la Banca española, las mentiras a la ciudadanía... Todo lo que ya sabemos todos y nadie dice. Admiro su valentía.
Pero no me engañe, no nos engañe. Le ha costado hablar... podría haber dicho esto mucho antes y no soltó prenda. Y es que usted también está hasta el cuello, está dentro de toda esta espiral de locura social y política. Usted trabaja en un medio de comunicación, seguramente tendrá sus ahorros en una sucursal bancaria y pagará unos impuestos desproporcionados que le darán ganas de vomitar. También está dentro de esto. No puede salir; es realmente complicado (¿imposible?) hacerlo.
La diferencia es que usted puede hablar, porque a usted es más difícil callarle la boca: la gente lo conoce y lo respeta, ya posee una madurez profesional adecuada y labia y agallas no le faltan. Quizá muchos lo consideren (yo misma lo hago) como un periodista híbrido, de los que tanto abundan, algo más cómico, más actorzuelo que profesional comunicativo en sí. Pero ese no es el punto: yo no vengo a juzgarlo, sino a animarle a que siga hablando, a que, como dice este blog, no se calle. A mí aún me costará todavía mucho más que me escuchen. A usted le seguirán haciendo caso, en sus seriedades y también en sus chanzas. Por lo tanto, adelante: no se calle.
Cristina García Ruiz
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