martes, 12 de marzo de 2013

Desde el ataúd


John F. Kennedy, Francisco Franco, Augusto Pinochet, Muamar el Gadafi y Hugo Chávez. Cinco personalidades relacionadas con cinco naciones: Estados Unidos, España, Chile, Libia y Venezuela. Cada uno de estos hombres ha marcado la Historia de estos países. Algunos usaron su carácter dictatorial para cambiar su nación, mientras que otros se valieron de la democracia. Sin embargo, todos son ya Historia, todos han fallecido, pero existe una diferencia particular con uno de los difuntos, Hugo Chávez.

El más reciente de estos cadáveres, el del líder venezolano, solo puede verse si acudimos a su capilla ardiente en Caracas, Venezuela. Ni fotografías ni vídeos detallados nos acercan la imagen del comandante. Tan solo unos discretos planos generales del velatorio tomados por una cámara semi-profesional y las declaraciones de los ciudadanos de Venezuela nos ayudan a visualizar el cuerpo del líder, “muy rejuvenecido” tras la muerte.

Mientras sus colegas políticos ya fenecidos fueron fotografiados posando desde el ataúd (algunos de ellos luciendo las terribles heridas que causaron su muerte), la mano derecha de Chávez, Nicolás Maduro, ha decidido mantener a su cabecilla en el mismo anonimato en el que vivió su enfermedad. Pero el puritanismo de Maduro no es más que otra forma de exaltar la figura de Chávez y de hacer propaganda política como nuevo comandante del país: el líder ha muerto, pero la revolución sigue viva en el corazón del pueblo, un pueblo con el corazón roto, que añora a Chávez, y del que Maduro no tiene problema en aprovecharse con un discurso tan populista como el de su antecesor.
 
 
 
Cristina García Ruiz
 
 

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