martes, 5 de marzo de 2013

Los dos idiomas de la política

Ingobernable. Así calificaba “El País” la situación política italiana en uno de sus últimos editoriales de febrero. El resultado de las elecciones en la nación mediterránea no deja de ser una sorpresa, pero no es, desde luego, tan tremendamente catastrófico como vaticinaba el periódico.
La noticia de que Italia debe gobernar en coalición no es en sí una noticia. De hecho, nunca ha sido noticia tal cosa. Ya en el año 1994 “Forza Italia”, el partido político de Silvio Berlusconi, necesitó el apoyo de “Liga Norte” y ambos gobernaron en una coalición de centroderecha. No es el único caso. Ya sea con matices conservadores o liberales, coalición es el sello político de Italia. Esta marca es un símbolo propio del país, que hasta el siglo XIX no era más que un puñado de Estados fragmentados y enfrentados entre sí, los cuales fueron unificados como una misma nación y obligados a trabajar unidos, esto es, en una especie de coalición nacional.
Sin embargo, al otro lado del Mediterráneo, en España el concepto de coalición suena a inestabilidad. La experiencia de esta política ya resultó bastante controvertida en Cataluña con el tripartito de Pasqual Maragall, Joan Saura y Josep Lluís Carod-Rovira. España es, por tanto, un país acostumbrado al bipartidismo, aunque en la actualidad plataformas ciudadanas, como el 15-M, indican estar hartas de esta “tradición”.
La renovación es una buena táctica política. No hace falta imitar a los italianos y su “coalizione”, pero un bipartidismo menos rígido, con un consenso más profundo con reminiscencias italianas, podría gustar a todos.
 
Cristina García Ruiz 

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