Comparecencia "presencial" de Mariano Rajoy sobre el caso Bárcenas
"Sólo me hacen falta
dos palabras: es falso", negaba tozudamente Mariano Rajoy en su
comparecencia este sábado respecto a su involucramiento en el caso Bárcenas. Un
enjambre de periodistas tomaba nota de sus palabras, pero estas carecían de
importancia ante el modo de comunicación que el presidente había usado para
expresarlas: un televisor.
Sin presencia, sin posibilidad de preguntar, sin derecho a
réplica, aquello recordaba a un relato de ficción del estilo de ‘1984’. La
labor periodística en aquella sala se limitaba a transcribir un discurso, borbotado
por una caja tonta, y a transmitirlo en una nueva faceta laboral poco inquisitiva:
el portavoz, esto es, alguien que representa a un grupo o institución y habla
en su nombre. Se podría considerar entonces al periodista como un portavoz de
su medio, de la filosofía comunicativa de este, de la información misma. Sin
embargo, no sería adecuado definir a un periodista como portavoz de un político...
o así debería ser. Las utopías siempre difieren mucho de la realidad laboral,
especialmente en el mundo periodístico.
Es curioso que Mariano Rajoy desee limpiar su nombre,
aclarar sus escándalos e incluso publicar sus gastos e ingresos personales (aun
cuando gran parte de ellos no son obra de su labor como político, según él),
pero no desea bajo ningún concepto ser cuestionado, investigado, preguntado, interrogado, consultado
o siquiera curioseado por una persona que transporta un micrófono o una
grabadora. ¿Acaso Rajoy no se ha dado cuenta? No es necesario que sienta pavor
ante la presencia de los periodistas, ya que estos resultan inofensivos, pues ni
siquiera protestan ante la "falsa" presencia de un líder cobarde. Ahora ellos ya no son
más que sus reconvertidos y nuevos portavoces sin sueldo.
Cristina García Ruiz

No hay comentarios:
Publicar un comentario