lunes, 4 de febrero de 2013

Historia de una nación accidentada


Existe en España la creencia de que la monarquía es un accidente: un daño colateral, nacido de una transición política delicada y taciturna, del que es absurdo enorgullecerse. Los habitantes de este país han olvidado que la Historia de España se ha labrado bajo el yugo de dinastías y sangre azul. La palabra república resultó en su momento casi un descubrimiento para los españoles, dividido en dos volúmenes que apenas juntaron seis años sin reyes en su totalidad. Ahora que don Juan Carlos se tambalea por la edad y los escándalos de su familia política, parece inevitable pensar en la convocatoria de un referéndum que lleve por bandera la dicotomía: ¿Monarquía o República?

El problema es que los españoles de hoy olvidan quiénes son y qué quieren. España es una nación accidentada, con el camino repleto de coronas. La república resulta tentadora en esta época de crisis política, social y económica y parece la ansiada respuesta a los problemas. Pero ¿verdaderamente la III República es la solución?

España desea ser vista como moderna, próspera y transparente. ¿Acaso no existen países modernos, prósperos, transparentes y monárquicos? No se oyen voces contra Inglaterra, Suecia u Holanda, cuyos reinados son mucho menos económicos que el español. Una posible república española podría ser más justa en un sentido constitucional, pero también más cara. Sopesando la situación de corrupción política actual, ¿está usted dispuesto a sustituir este actual e histórico accidente con corona por un republicano más costoso pero tan constitucional como toda la cúpula de Bárcenas? Esa es la pregunta que debería ser planteada en un posible referéndum tras la muerte del actual monarca.
Cristina García Ruiz

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